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Cognex® 30 cápsulas es un complemento alimenticio elaborado a base de Theracurmin®.
Cognex® 30 cápsulas esta especialmente indicado en estadios relacionados con la función cognitiva y la memoria.
Se recomienda la ingesta de Cognex® acompañada de un vaso de agua. Cognex® es apto para celíacos e intolerantes a la lactosa.

Cada cápsula de Cognex® contiene, Theracurmin® es una dispersión coloidal de partículas submicrónicas de curcumina y curcuminoides de tamaño entre 300nm – 350nm, que son estables y dispersables en agua. Esta nueva formulación de curcumina favorece su absorción y su biodisponibilidad, se la denomina curcumina de alta biodisponibilidad.
| Información Nutricional | Por 2 Cápsulas | %VRN* |
|---|---|---|
| Extracto de cúrcuma, (THERACURMIN®) | 120 mg | – |
| Curcumina | 43,2 mg | – |
*Valor de Referencia de Nutrientes |
EAN: 8470001970244
CÓDIGO NACIONAL: 197024.4
El rendimiento mental, también denominado cognición, engloba el conjunto de procesos que tienen lugar en el sistema nervioso y que permiten adquirir, procesar, almacenar y recuperar información. Gracias a estos procesos, el cerebro puede interpretar el entorno, tomar decisiones, resolver problemas y comunicarse eficazmente.
Entre las funciones cognitivas, la memoria desempeña un papel fundamental. Se trata de la capacidad de codificar, almacenar y recuperar información, y puede clasificarse según su duración en memoria a corto plazo y memoria a largo plazo.
Memoria a corto plazo: almacena información de manera temporal y limitada, necesaria para tareas inmediatas, como recordar una lista de la compra o un número de teléfono antes de anotarlo.
Memoria a largo plazo: conserva información durante periodos prolongados, como recuerdos personales, conocimientos adquiridos o el nombre de una mascota de la infancia.
Otra función clave es la atención o concentración, que consiste en la capacidad de focalizar selectivamente los recursos mentales en una tarea concreta o en determinados estímulos del entorno, evitando distracciones. Uno de los principales neurotransmisores implicados en estos procesos es la acetilcolina.
La disminución de las funciones cognitivas, como la memoria o la capacidad de concentración, puede formar parte del proceso natural de envejecimiento. Este deterioro suele ser gradual y está relacionado con cambios fisiológicos en el funcionamiento cerebral.
Sin embargo, también puede verse influido por otros factores, como situaciones de estrés prolongado o determinadas enfermedades del sistema nervioso.
La pérdida de memoria se define como la dificultad o incapacidad para recordar información previamente adquirida. Entre las causas más frecuentes se encuentran:
Deterioro de la memoria asociado a la edad: descenso fisiológico y progresivo de la funcionalidad cerebral propio del envejecimiento.
Deterioro cognitivo leve (DCL): alteraciones leves de las funciones mentales, especialmente de la memoria, que no interfieren significativamente en la vida diaria, pero que pueden evolucionar hacia formas más graves.
Demencia: deterioro severo y progresivo de las funciones cognitivas. La pérdida de memoria suele ser uno de los primeros síntomas y empeora con el tiempo.
Depresión y otros trastornos del estado de ánimo: pueden afectar notablemente a la concentración y a la memoria, especialmente a corto plazo.
Aunque la memoria puede disminuir progresivamente con la edad, existen factores emocionales y ambientales que también influyen de manera significativa, independientemente de la edad:
Alteraciones del estado de ánimo, como ansiedad o depresión, que afectan a la concentración y dificultan la retención de información.
Cambios importantes en el entorno personal o laboral, como mudanzas, periodos de alta exigencia profesional o académica, modificaciones en la rutina diaria o en la alimentación.
Situaciones emocionalmente complejas, como separaciones o la pérdida de un ser querido.
El estrés, ya sea de origen personal, laboral o académico, puede interferir en la formación y recuperación de recuerdos. Cuando la mente está centrada en una preocupación constante, disminuye la capacidad de atención hacia otros estímulos relevantes. Como consecuencia, la información no se procesa adecuadamente, lo que dificulta su almacenamiento y posterior recuperación.
En definitiva, el equilibrio emocional y la gestión adecuada del estrés son factores clave para mantener un buen rendimiento cognitivo a lo largo del tiempo.
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